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Óscar De La Hoya vs Julio César Chávez II : revancha definitiva Por Manila1975 El Thomas & Mack Center de Las Vegas albergó en su interior, la noche del 9 de Septiembre de 1998, una de esas peleas que suelen llamarse ‘’históricas’’. Frente a frente por segunda vez , Óscar De La Hoya y Julio César Chávez. Sentimientos patrios, raíces mexicanas, orgullos y ocaso de una generación de peleadores que tiene que entregar el testigo a otra. En juego , el título del peso welter del WBC. El combate presentaba gran interés, puesto que volvía a suponer un reto para Chávez que buscaba su cuarto campeonato en cuatro divisiones diferentes, un desafío para De La Hoya en su intento de desbancar a la estrella que había reinado inmediatamente a él, y mostraba la incógnita de cómo sería una pelea entre ambos en condiciones normales, dado que la primera confrontación estuvo marcada por la polémica cortada de Chávez que hizo parar la pelea a Joe Cortez. Chávez pesó 65.50 kilogramos, por los 66.20 de Óscar De La Hoya. Esta fue una pelea con expectación y ambiente espectaculares. El público estaba dividido entre los fans de Chávez y De La Hoya a partes iguales; el recinto estaba a rebosar con gente incluso sin localidades en el interior del mismo. A la hora de las presentaciones, el griterío era ensordecedor, de tal modo que casi no se escuchaba la arrolladora voz del archifamoso Michael Buffer. Cuando ambos recibieron las instrucciones del árbitro, no se miraron a la cara. Era por fin la hora de pelear. Primer asalto: Contrario a la tónica de casi toda su carrera, Julio César Chávez deja el centro del ring a su rival. Se palpa la tensión en el ambiente. Es Chávez el que abre las hostilidades con un gancho de izquierda al rostro de De La Hoya: el ex - campeón se muestra cauteloso y fuera de distancia, blocando con los guantes los tímidos jabs de Óscar. Hacia la mitad del asalto Chávez llega claramente con un recto de derecha a la cara del angelino, que comienza sus ofensivas con un upper al rostro del sinaloense. Recto y crochet de Chávez para finiquitar el primer episodio de una pelea que se presentaba apasionante. Cuarto asalto: De La Hoya parece comenzar a usar el estilo de pelea que más le conviene contra este rival: espera a que Chávez entre para recibirlo con golpes de izquierda y marcharse. Chávez no tarda en responder con una derecha clarísima, quizá la que más de todas las que ha lanzado hasta ahora al rostro del angelino; la contra de éste llega también en forma de izquierda al mentón de Chávez. Éste sigue queriendo entrar, pero es recibido con ganchos arriba y abajo, siendo impactado también por un claro upper de izquierda. A falta de pocos segundos, Chávez toca claramente con su jab en el rostro de De La Hoya. Asalto más pausado que los anteriores. Quinto asalto: Las hostilidades se desatan pronto en ese asalto con un gancho de izquierda de Julio César Chávez al mentón de De La Hoya. La situación se repite cuando el angelino, queriendo salir de la presión de Chávez, es cazado ahora muy claramente por un crochet de izquierda del sinaloense. Sorprende que éste esté centrando el castigo en el rostro de su rival, dando muy poco uso a su amplio arsenal especializado en las zonas blandas. Chávez sigue presionando y se traga una buena izquierda de De La Hoya al querer entrar, pero tras llegar con un gancho de izquierda al rostro de su rival, el aspirante se enzarza en un feroz intercambio donde nuevamente lleva la mejor parte, teniendo que retroceder el Golden Boy justo antes del tañido de la campana. Acción e inteligencia boxística para un asalto sensacional Sexto asalto: ambos púgiles salen con renovados bríos: izquierda de Chávez y derecha de Óscar son la presentación del asalto que se avecina. El Golden Boy comienza a bailotear y recibe el jab de Chávez en el rostro, respondiendo de inmediato con un upper asesino que Chávez se traga. Cercanos al ecuador de este capítulo, la acción se ha trasladado a la corta distancia, donde vemos por fin a Chávez buscando el hígado de su rival repetidas veces. Donde silban las balas el uno trata de hacer uso de la maestría de la lucha cabeza con cabeza, mientras que su oponente trata de imponer las normas que dictan su endiablada rapidez y su precisión. La velocidad del angelino acaba imponiéndose al final de este asalto y De La Hoya sale por primera vez favorecido de un intercambio de metralla con Julio César Chávez.
Octavo asalto: Desde el comienzo vemos a un Chávez tratando de entrar en el cuerpo a cuerpo con De La Hoya. Parece dispuesto a someter a una mayor presión al Golden Boy, sacando ganchos arriba y abajo. Aunque De La Hoya empuja con el hombro y trata de marcharse con pasos laterales ante las primeras embestidas de su rival, acaba por aceptar el reto del golpe por golpe que Chávez le propone, enzarzándose en un cambio de cromos de alto voltaje. En este momento ambos son dos guerreros de raza que no dan un paso atrás, Chávez está claramente quemando las naves, buscando terminar al pleito por la vía del cloroformo. La acción llega a su cenit a falta de muy pocos segundos: después de conectar una buena izquierda, Chávez se ve sorprendido por una fulgurante combinación del angelino: aunque en ese momento no se supiera que esa sería la última acción de la pelea, la imagen se muestra esclarecedora, diáfana, como muestra de la bestia herida, del final de una leyenda. La testa del sonorense se volteó violentamente, recibiendo los impactos sin posibilidad de defenderse. Luego la campana, el amago de seguir peleando , el árbitro teniendo que intervenir…pero todo había acabado. Chávez se sentó en su esquina, y en su rostro magullado, boca sangrante, se leía la derrota a todos los niveles. ‘’Me duele la costilla’’…quizá fuera así, pero realmente debía dolerle todo, hasta el alma. Su tren se había marchado definitivamente. Ante su imagen derrotada, renegando a salir a pelear, se veía a un De La Hoya teniendo que ser calmado en su esquina, casi siendo obligado a sentarse en el banco, todavía inmiscuido en el fragor de la batalla. A Chávez sólo le quedaba ya apagarse, como el astro decadente que era. Aún intentó un nuevo asalto a un título mundial, el superligero WBC que ostentaba Kostya Tszyu , el cual no tuvo piedad y lo destruyó en seis episodios. Sus últimas actuaciones es mejor no recordarlas, puesto que son el tópico del que no sabe irse a tiempo. |