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CONTRA ZÁRATE, GÓMEZ DEBIÓ SER DESCALIFICADO
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WILFREDO GÓMEZ DOMINÓ EL COMBATE DE LOSNOQUEADORES INVICTOS Y DEBIÓ SER DESCALIFICADO EN SU ENFRENTAMIENTO CONTRA CARLOS ZÁRATE
Por Chon Romero
Fue uno de los arbitrajes más irresponsable en cumplimiento de los reglamentos de peleas de campeonato mundial en la historia del boxeo, permitiéndosele a Gómez, todas las irregularidades sin recibir ninguna advertencia del árbitro de turno Harry Gyb.
Wilfredo «Bazooka» Gómez, abrió los ojos por vez primera el 29 de octubre de 1957 en Las Monjas, Puerto Rico. De aficionado ganó 58 combates, perdió 1, y empató 2. Medallista de plata de las Olimpíadas, celebrados en Munich, en la categoría de los pesos mosca. En 1974 fue campeón gallo aficionado, en la Habana, Cuba, noqueando a los cuatro oponentes de Perú, Polonia, Francia y Cuba. Se hizo profesional el 16 de noviembre de 1974 en Ciudad Panamá, empatando con Jacinto Fuentes en seis asaltos.
El 19 de julio de 1976 noqueó en 6 capítulos a Alberto Dávila, para ganar el título de los pesos gallo de Estados Unidos. El 21 de mayo de 1977 noqueó en doce asaltos a Dong-Kyum Yum, para ganar el monarcado de los pesos supergallo del mundo versión Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Había arriesgado cinco veces el cetro mundial contra: Raúl Tirado, Royal Kobayashi, Juan Antonio López, Sakjd Porntavee y Leonardo Cruz, al surgir la posibilidad de contender con el temible mexicano Carlos Zárate, para su sexta exposición campeonil.

La extravagante proeza de Carlos Zárate de aficionado y como profesional
Carlos Zárate, escuchó de tacos por primera vez sin entender de qué se trataba en el barrio de Tepito, ciudad de México, el 23 de mayo de 1951. De aficionado sembró el terror por noqueador, de 33 peleas celebradas, ganó 30 por la vía rápida. Debutó en el boxeo pagado el 3 de febrero de 1970 contra Luis Castañeda en Cuernavaca, eliminándolo en 3 episodios. Carlos Zárate llegó invicto a disputar el cetro de los pesos gallo contra su compatriota Rodolfo Martínez el 8 de mayo de 1976 en Inglewood, California, limitando su adversidad en 9 asaltos para merecer la corona de las 118 libras del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).
Después de afincarse en su reinado con 8 exitosas defensas todas por la vía del nocaut, exigió una rivalidad de campeonato contra el campeón superior en peso del mismo organismo pugilístico Wilfredo Gómez, que gobernaba la categoría de los supergallos 122 libras. El Consejo Mundial de Boxeo, como las demás entidades del pugilismo, permiten a los campeones del mundo, retar y discutir el título de su homólogo superior o inferior en peso, sin arriesgar su propia corona mundial. Carlos Zárate se aprovechó de este postulado en el boxeo, para disputar contra el también famoso e invicto puertorriqueño Wilfredo Gómez, que igual a Zárate, todas sus exposiciones en defensas  de su diadema que sumaban hasta ese entonces cinco, las ganaron por la vía rápida.
Wilfredo Gómez, como Carlos Zárate, ambos son calificados de campeones supremos de su división. Gómez sumó 17 disputa defendiendo su corona y todas las ganó por nocaut. Carlos Zárate obtuvo 9 por la vía rápida y perdió el cetro contra su compatricio Guadalupe Pintor el 3 de junio de 1979 en Las Vegas, en una decisión polémica que todavía es tema de discusión en ésta disciplina deportiva debido a que el triunfo fue cuestionable por combate muy nivelado.

El combate de los invictos Wilfredo Gómez contra Carlos Zárate, lo concertó el promotor Manuel López, para el 28 de octubre de 1978 en el Coliseo Roberto Clemente, de San Juan, Puerto Rico
Fue un día de fiesta para el pugilismo y más en la «Isla del Encanto», Puerto Rico. El estadio Hiram Birton estaba lleno a reventar porque los fanáticos comprendían que llegaba el examen más exigente para el nato noqueador puertorriqueño que se batía contra el temible mexicano Carlos Zárate, de 52 peleas profesionales, 51 por la vía del nocaut.
La presentación de ambos campeones antes de iniciar la disputa, fue de júbilo para los asistentes porque se trataba de una reyerta que cobró comentarios en todos los círculos pugilístico de México, Puerto Rico, como también en el resto del mundo, por tratarse de los dos campeones latinos de preferencia de aquellos años para los amantes del boxeo. Compartiendo esa distinción con otros campeones que nos ofrecieron representación de lujo en aquellos días de la talla de: Roberto Durán, Wilfredo Benítez, Carlos Palomino y Pipino Cuevas.
Al entonarse las notas de los Himnos Nacionales, los puertorriqueños cantaron en coro inusual La Borinqueña, el anunciador oficial dio a conocer los pesos y palmarés de los protagonistas, y además los presentó al público que esperaba con ansiedad el choque de dos campeones con golpes de acero e invictos.
El primer llamado al centro del tinglado fue impactante para los asistentes como también para los campeones. Carlos Zárate se cuadró imponiendo su más estatura y extensión de brazos y Wilfredo Gómez que comprendió de esas desventajas adversas, no presentó su ritmo característico de guerra, se limitó a estudiar el estilo hermético de su homólogo mexicano danzando a su alrededor hasta descubrir la táctica de lanzar golpes fugaces entrando y saliendo con ojos de lince, comprendiendo que Zárate también poseía golpes de anestesia, pero más lento en sus lances.
El primer asalto bajo la supervisión del árbitro Harry Gibbs, terminó en base de estudio y el público de pie, con la ansiedad de ver cruces de golpes con el poder de definición que fue la etiqueta distintiva con la cual los dos llegaron a su primer choque cumbre hasta ese entonces en su recorrido profesional.
Los tres primeros episodios casi los juzgamos parejos con leves ventaja para el boricua Wilfredo Gómez, que fue un poco más efectivo que el mexicano que abanicó muchos golpes tratando de acomodarse a la distancia que impuso al empezar el explosivo puertorriqueño a la rivalidad.
El cuarto llamado al centro del entarimado por discusión del cetro de las 122 libras versión CMB, se inició como una copia de los tres primeros, fue cuando los concurrentes comenzaban a exigir la pelea a quemarropa habitual de ambos púgiles, para definir sus adversidades. Pasado casi dos minutos del cuarto asalto, una izquierda punzante de Gómez se estrelló de lleno en la barbilla de Zárate, que cayó y se levantó a la cuenta de cinco segundos, tambaleándose y su semblante acusando el recibo de un golpe poderoso.
Al reanudarse la pelea, Wilfredo olvidó sus tácticas iniciales y comprendiendo que su oponente estaba golpeado, se lanzó contra Carlos Zárate a ritmo de plena para derribarlo una vez más con golpes sólidos, pero el árbitro Harry Gibbs, no sabemos por qué razón no hizo el conteo reglamentario y por lo contrario reanudó el combate seguidamente aprovechando Gómez para castigar al mexicano sin compasión lanzándolo al tapiz y descargándole golpes en la lona frente al árbitro que no amonestó al puertorriqueño en ningún momento hasta el quinto capítulo duración de la pelea.
La vuelta definitiva reiteramos que fue el quinto, todo estaba previsto después del estado en que vimos llegar al campeón gallo del mundo a su esquina, tratando de ganar la corona de los supergallos. Con el campanazo que dio inicio al quinto acto de la rivalidad campeonil, Wilfredo Gómez buscó a su rival sin restricciones, golpeándolo a su antojo e indebidamente al estar Zárate de espaldas a él y en la lona y aún así, el árbitro Harry Gibbs todo lo juzgó muy natural y el castigo cesó porque la esquina de Carlos Zárate lanzó la toalla y haciendo caso omiso a la seña más notable de rendimiento en el boxeo, Gómez repartía golpes a su contrario, sin respetar los reglamentos de ésta disciplina y el árbitro todo lo contemplaba normal.
Wilfredo Gómez obtuvo el triunfo por nocaut en el quinto asalto y no podemos negar estaba dominando el combate por su poca más prontitud que su adversario, mas cómodo en 122 libras que Zárate y sobre todo un pegador temible peleando con el apoyo incondicional de sus compatriotas en San Juan, Puerto Rico. Gómez a su vez, jamás se controló de golpear a sus rivales en la lona durante todo su recorrido profesional, fue un hábito que no pudo controlar a lo largo de su faena en éste deporte.
De haber discutido fuera de Puerto Rico y con un árbitro que aplicara los reglamentos hubiera perdido por descalificación en un combate donde estaba en juego la corona de los pesos supergallo del Consejo Mundial de Boxeo.
No se puede negar que ha sido el campeón supremo de las 122 libras, determinado y pegador. Además, jamás se confió en el nocaut para ganar un combate, siempre tuvo presente las anotaciones de los jueces, después de cada asalto. Antes de imponerse por la vía más rápida del pugilismo la mayoría de las veces superaba a sus adversarios en las calificaciones de los jueces.
La significante conquista robusteció el carácter y calidad de líder del isleño, que dejó tanto convencimiento en la categoría de los supergallos, que la misma historia del pugilismo, tendrá que guardar enmarcando su proeza de 17 exposiciones todas obtenidas por la vía del nocáut y también se dio el lujo de noquear a dos notables campeones gallos que aspiraron a su reinado Zárate y Guadalupe Pintor, este último significó la pelea final en las 122 libras para Wilfredo Gómez, celebrada el 3 de diciembre de 1982 en New Orleans.
Para reafirmar su grandeza en esta división del pugilismo, dejó el título vacante, para después incursionar en los pesos pluma y superpluma obteniendo también en estas categorías las dos coronas sin ninguna trascendencia porque las perdió en la primera defensa.
Wilfredo Gómez que ayer combatió en los pesos supergallo ( 122 libras ), pluma ( 126 libras ) y ligero júnior ( 130 libras ), hoy pesa más de doscientas libras. Se caracterizó por no creer en estudio de estilos en el primer asalto, como la gran mayoría de los pugilistas, declarando guerra desde el primer llamado de la campaña, con la intención de poder definir antes de la duración de la refriega.
Con su entrega total en cada rivalidad y la garantía de sus espectáculos, no alcanzó la simpatía que mereció universalmente, ni siquiera en su querido Puerto Rico. Y con el hecho quedó una vez más comprobado, que se tiene que nacer con ese ángel de carisma, para ser simpático a los aficionados de los deportes, que muchas veces no lo hacen favorito ni poseyendo la resplandeciente campaña que distinguió al «Niño de Las Monjas», de Puerto Rico.

NOTA DEL AUTOR- Me he dedicado últimamente a escribir rememorando acontecimientos pugilísticos tratando de ocultar lo poco bueno que se puede hablar del boxeo actual. La división de los pesos pesados es una pena, todos pesan más que su calidad. Las demás divisiones no se distancian del mal y el pugilismo está urgido de participantes que retomen los espectáculos a quienes les hogo honores en éstas notas de remembranzas del boxeo.

 

…!Incorporemos al boxeo¡…