INGEMAR JOHANSSON: EL MARTILLO DE THOR
Por Christian Berge (Boxing Digest)
Traducido por Raul Garrudo

SUECIA DE LUTO


Un héroe nacional ha muerto. El que fue campeón de los pesos pesados, Ingemar Johansson, quien venía sufriendo la enfermedad de Alzheimer desde hace algunos años, falleció justo antes de la medianoche del pasado 30 de enero, habiendo vivido los últimos años de su vida en una residencia privada para la tercera edad. Contaba con 76 años.


UNA CARRERA PARA LA HISTORIA

Nacido el 22 de septiembre de 1932, Ingemar es sin discusión uno de los mejores boxeadores blancos europeos que ha habido. A pesar de la actual “revolución del este” en los más altos escalones del boxeo, Johansson sigue siendo el último boxeador no de color en ostentar el undisputed título mundial de los pesados. Teniendo un extraordinario talento boxístico, de valioso jab y rápidos pies, su mayor baza era su impresionante pegada. Su mano derecha (apodada “El martillo de Thor” por los periodistas americanos) estaba entre las más potentes en la historia del peso pesado, aunque era propenso a encajar muchas izquierdas del rival. “Ingo” medía algo más de 1’85 metros y pesaba unos 89kg, en su estado óptimo. Fue elegido Púgil del Año en 1958 y 1959.
El joven Ingemar se sintió atraído a entrar en un gimnasio de boxeo con 13 años y pronto se hizo evidente para todos que el chico tenía madera para el deporte. Con solo 17 años, se proclamó campeón sueco amateur de los pesos pesados. Si no se hubiese fracturado la mano derecha, habría participado en el Campeonato de Europa Amateur de 1951, con serias posibilidades de medalla. Su récord amateur quedo, finalmente, en 61-10 (31). Sus dos primeras derrotas tuvieron lugar al principio de su carrera y otras cinco de ellas fueron en decisión dividida. Nunca fue derribado. Sus únicas derrotas incuestionables como amateur llegaron en 1951 ante grandes rivales. Con apenas 18 años, perdió contra el ruso Algirdas Schotsikas, quien llegaría a ser campeón de Europa en 1953 y 1955. En agosto de 1951, después de una nueva lesión en su mano, fue derrotado por el americano Norvel Lee, en el combate principal de una velada amateur que batió el récord de asistencia de público en el boxeo sueco. Lee consiguió posteriormente la medalla de oro, en el peso semipesado, en los Juegos de Helsinki de 1952, mientras que Ingemar consiguió llegar a la final en el peso pesado pero fue descalificado por “no intentarlo” contra Ed Sanders y no recibió su bien ganada medalla de plata hasta pasados 30 años.
Como profesional, fue cuidadosamente llevado por su manager, Edwin Ahlqvist. Ingemar comenzó a encadenar victorias pero, de nuevo, se fracturó su mano derecha en un combate contra el danés Erik Jensen. Esta lesión y el servicio militar significaron un alto en su carrera y, a resultas de esto, Ingemar sólo hizo seis peleas en sus dos primeros años como boxeador profesional. Se llevó un susto en su pelea contra Aldo Pellegrini, en 1955, a quien Ingemar había derrotado tres veces como amateur. Quizás subestimó al italiano quien, en el tercer round, cazó a Ingemar con un swing salvaje al mentón, que le hizo caer a la lona. Ingemar se levantó y Pellegrini fue posteriormente descalificado por repetición de cabezazos en el quinto round. La primera prueba real para Johansson  llegó el 28 de agosto de 1955. En su duodécima pelea, se enfrentó al veterano de 35 años, Hein Ten Hoff, de Alemania. Hoff, quien pesaba 102 kilos y medía 2.01 metros, había sido anteriormente campeón de Europa. A pesar de ceder casi 14 kilos a su oponente, el sueco derribó a Hoff en el primer asalto.

En 1956, Ingemar consiguió la corona europea noqueando al áspero italiano Franco Calvicchi, con un gancho al cuerpo en el décimo tercer asalto. Defendió su título en dos ocasiones destruyendo a Henry Cooper y superando totalmente a Joe Erksine. En 1958, Ingemar afrontó su prueba más dura hasta el momento, ante el imbatido aspirante oficial, Eddie Machen, frente a una multitud de más de 53.000 personas, en su ciudad natal de Goteborg. Johansson logró un sensacional golpe definitivo que destruyó a Machen en un solo asalto.

Cuando Ingemar se enfrentó a Floyd Patterson por el título de los pesados en el Yankee Stadium, el 26 de junio de 1959, el enfrentamiento ya se esperaba hacía tiempo y fue la primera vez que la televisión por circuito cerrado recaudó un millón de dólares. Era el primer combate de Ingo en América y su cuarto fuera de su Suecia natal. Su filosofía de entrenamientos descolocó a los cronistas americanos; Ingemar llevó a su novia, familia y amigos con él a America y los alojó en su campo de entrenamiento. Algo así nunca se había visto. Durante las sesiones de guantes, nunca pegó una paliza a sus sparrings, y rara vez usaba su mano derecha. Como consecuencia de esto, las apuestas estaban en un claro 7 – 1 en favor de Patterson.
Pero el apuesto sueco de los hoyuelos en las mejillas, impresionó al mundo sentando al americano en la lona, hasta siete veces en el tercer asalto, consiguiendo el título. Fue el disgusto más grande en años. La primera derecha que derribó a Patterson fue perfecta, de fotografía. Algunos aficionados dicen que fue una de las mejores manos de KO jamás filmada. Cómo Floyd pudo levantarse después de aquello es una prueba de su enorme corazón. Fue un esfuerzo casi inhumano.

Johansson se convirtió en el quinto campeón de los pesados nacido fuera de los Estados Unidos, pero su reinado fue corto, ya que perdió tanto la revancha, como el tercer y definitivo combate. En su segundo encuentro, Patterson impacto con un envenenado gancho de izquierda en el quinto, que dejó a Ingo tendido en el tapiz, la pierna izquierda temblando y con un hilo de sangre saliendo por su boca. Estuvo inconsciente durante más de cinco minutos. En el combate definitivo, en 1961, Ingemar, más regordete con sus 94 kilos, derribó dos veces a Floyd en el primer asalto, pero Patterson entró en clinch, se recuperó y consiguió la victoria por KO en el sexto asalto.
Ingemar volvió a los rings en 1962, pero su combate contra Wim Snoek (34 años), casi puso fin a su carrera. Derribado en el primer asalto, Ingemar se salvó de la derrota gracias a que el árbitro sueco le aplicó una larga cuenta. Ingemar se abrazó a su rival para sobrevivir ese asalto y, finalmente, Snoek sucumbió en el quinto. En junio, 41.000 espectadores presenciaron cómo Johanssón recuperó el título europeo en Goteborg noqueando al duro galés, Dick Richardson. Se habló entonces de una nueva pelea por el título mundial frente al nuevo campeón, Sonny Liston, pero Ingemar se retiró en 1963 después de una sombría victoria por decisión dividida sobre Brian London. Ingemar fue derribado faltando apenas unos segundos para el final del duodécimo y último asalto y la campana sonó cuando la cuenta iba por cinco. Ingemar notó que ya no le quedaba chispa y, sabiamente, puso final a su carrera con sólo dos derrotas en 28 combates, 17 de ellos ganados por KO.


SU VIDA DESPUÉS DEL BOXEO

Ingemar siempre fue una persona muy austera, siempre tenía dinero en el banco, siempre comprendió que su nombre era su sello de marca. Durante la mitad de la década de los 60, fue promotor de boxeo en Suecia. Poseía un hotel en Pompano Beach (Florida), y emprendió muchas y diferentes aventuras empresariales. En 1985, escribía resúmenes deportivos en diarios suecos. Ese año, el sueco Anders Eklund disputó como aspirante el título europeo de los pesados al campeón noruego, Steffen Tangstad, e Ingo tomó partido por Tangstad y criticó a su compatriota Eklund en la prensa. Eklund no aguanta un asalto, dijo. ¿El ganador? Eklund, por TKO en el cuarto.

Bien entrado en los 60 años, trabajó algunos años como comentarista de boxeo para una cadena sueca de TV por cable. Sin embargo, Ingemar nunca fue un gran seguidor del deporte en el que tantos éxitos consiguió. Tampoco fue nunca entrenador. Hace un par de años, Thomas Johansson, uno de los seis hijos que tuvo Ingemar en tres matrimonios, dijo a un periodista, mi padre nunca fue muy aficionado al boxeo. Hizo lo que hizo porque era una manera de hacer dinero y asegurar su futuro. Ése era su planteamiento. Siempre fue muy honesto sobre esto, desde el principio.

Nunca fue considerado en exceso por los cronistas americanos quienes, a menudo, le situaban bastante abajo en las listas de los mejores pesos pesados de la historia. Pero para este escritor, Ingemar Johansson, fue un hombre inteligente y comprensivo que dio crédito a su deporte. Finalmente, fue incluido  en el International Boxing Hall of Fame en 2002. No es necesario decir que Johansson es el mejor atleta sueco de todos los tiempos.

 

 




 

 


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