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Jaime, queremos una explicación
Por Rubén "El Viajero"
La muchedumbre más grasienta asume la cruel excelencia de guerra, con muyahidines sepultados bajo las montañas de Afganistán combaten esquizofrénicas bolsas de dólares y pistachos de bolsa, o pipas Facundo. Casi nada, vamos.
En la misericordiosa garra de la derrota acude con piel de acero un pájaro que no sabe donde está su lugar, cómic del papel, con un aura de desastrosa concentración y madurez ordenada. Sinosuke.
"El que a buena planta se arrima buena sombra le cobija", decía algún sabio por ahí. No pudo saborear los sabrosos manjares de la gloria, solo porque nada fue como el quiso que fuera, o mejor, porque nada fue como tuvo que ser. Él quiso que todo se decantara con el abrasivo color que tiene la bondad cuando está de luto. Y así no, así no lo quieren los Dioses.
Porque tras perder con un hombre que amaba los primeros asaltos, apodado Huracán, no tuvo más remedio que claudicar en los designios del destino. Sin más. En tierra hostil, con sangre que brota de la maravilla del ring, no supo consumirse en la apariencia. Porque Jaime Pons debió subir a la tierra ese día y no quedarse en la desgracia más defraudada.
Recordemos aquellos días mediáticos en los que se hablaba de Pons y de Varón, de Varón y de Pons, de más Pons y de más Varón. Fueron días, meses, en los que el peso superwelter -que no debió ser nunca el peso del Shinchan, si no una carrera realizada en el peso welter- tenía a otros protagonistas más prolíficos que al gran Lince de Parla. Por una u otra razón, al final, el combate no se realizó. Pero quedémonos con eso. Fueron días mediáticos. Casi con más audiencia y publicidad que la serie de dibujos en la que sale el japonés animado. Por si alguien no lo sabe, aquella que le da a Pons su tan infantil apodo. Infantil en el sentido que tiene esa grandiosidad de lo delicioso.
Con 20 victorias, en otros tantos combates, se presentó el chico de Hospitalet a pelear ante Pablo Navascués por el Campeonato de España, llegó, peleó y perdió en el 5º asalto -dejando lecturas a un lado- solo se torció un detalle, que viene a ser el más importante. Como dije, no supo levantar cabeza. Tras esta derrota se tomó un pequeño parón para reaparecer contra un ruso, Sergey Kharchenko. El resultado fue de no contest. Más desilusión afgana metida en el cuerpo.
Para esos días de vientos en contra, el Shinchan llegaba con un historial bastante bueno, con victorias en su carrera ante púgiles como Ricardo Navarrete en 2002 -combate dónde se proclamó campeón de España superwelter-, Sabou Ballogou, Ancor Placeres, Frank Oppong, Jose Warner...
Ya llevamos más de un año sin ver a Jaime Pons pelear. Hombre dado a descanso prodigioso y a un sacrificio de prórroga, que a la postre ha sido una de las causas que han hecho que no sea nada más o nada menos que un buen púgil español del último lustro y un ex campeón de España.
Nadie quiere creer, sobre todo por su tan querida patria de Barcelona, que se haya retirado definitivamente. Todos sabemos que aún puede dar mucho juego, pero si él no quiere no se puede hacer nada. Y haciendo símiles con otros casos, "si el no quiere, no veo porque los demás tenemos que preocuparnos".
Por los mundos de la Catalonia de la diversidad, cuentan u oigo, que ha puesto un gimnasio. Seguro que le irá bien, y seguro que todos los que pasen por allí aprenderan con él.
Quizás las suposiciones sean absurdas, pero es de los pocos púgiles sobre los que me aventuraría a decir que como poco deberían haber disputado el título de Europa. Pero como dije, las suposiciones traen demasiado juego.

en sus ojos resignados
lleva fuerza que arrebata;
la violencia de huracanes
y de galaxias lejanas.
Las estrellas se adelgazan
cual puntitos de escarlata,
y él, con fuertes resoplidos
da vigor a la mañana…